sábado, 31 de octubre de 2015

He vuelto y espero que para quedarme

Hola a todos y todas:
Pues sí, os sorprende, ¿verdad?, después de 2 años que vuelva a aparecer en escena, pero ha sido todo tan vertiginoso y complejo que, entre unas cosas y otras, he tenido bastante dejado de lado este humilde rinconcito donde trato de escribir la percepción que tengo de las cosas o, simplemente, reflejar algunas experiencias vitales que hacen que uno, para bien o para mal, vaya aprendiendo sin ensayo a interpretar el papel que le ha tocado en el difícil teatro que llamamos vida.
Comparemos este largo período de ausencia con una corrida de rejoneo y que me perdonen si los no aficionados a la fiesta brava no lo entienden, pero no voy a ponerme como el rejoneador, sino que, y creo que será un planteamiento más original, desdeel punto de vista del toro, no considero que me esté menospreciando por compararme con tan bello animal que, aparte de ser el rey de las dehesas, tiene un porte y un señorío fuera de toda duda y una nobleza que falta y mucha hace en estos tiempos de ´corrupción y el buscar el propio interés.
Pues bien, parecía ante mí que mi vida iba a experimentar grandes y fantásticos cambios, pero fue un espejismo, el mismo que el morlaco experimenta cuando se abre la puerta de toriles o también llamada puerta de los sustos y, tras haber estado a oscuras ve la luz y terreno para correr.
Pero, ¡ay! de pronto todo cambia al sentir el primer rejón de castigo, ahí se ve si es un toro manso y huye a las tablas o saca la bravura o casta, que no es lo mismo que la mala intención, y se crece.
Pues bien, mi supuesta vida idílica se truncó con dos buenos y fuertes rejones de castigo que, hay que reconocerlo, me dejaron bien pero bien tocado.
El dolor fue tan inmenso que incluso llegaría a decir que caí en un pozo oscuro al menos hundiéndome hasta la cintura, pero mirando, aunque en mi caso tal vez este verbo no sea muy apropiado de usar por razones obvias, vi una cuerda por la que podría subir y la disyuntiva era dura, pero clara: hundirte hasta que el agua te sepultara o subir aunque eso conllevara un esfuerzo terrible y, claro está, no sé si por el instinto de supervivencia que todos llevamos dentro o por la ayuda de algunos Pepitos grillo que me hicieron comprender la necesidad de salir adelante afronté el reto de escapar del pozo.
Y es en esa situación de la lidia, aún en el primer tercio, donde me encuentro intentando buscar el indulto si puedo resistir a las banderillas y evitar el rejón de muerte.
Bueno, por hoy creo que me he extendido bastante, pero me parece que os debía una explicación y ahí os la he dado del porqué de mi ausencia tan prolongada.
Como siempre espero vuestros comentarios porque sin vosotros nada de esto merecería la pena.
Abrazos para ellos y besitos para ellas.

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