Pues sí, después de casi tres meses, que ya me vale, lo reconozco, aquí
estoy otra vez para hablar, ahora que estamos en tiempo estival, de mis
pasadas vacaciones, que tienen primera y segunda parte, pues fui a la
isla de Cuba, o también conocida como caimán verde, dos veces.
El amor que siento por Latinoamérica, el cual afirmo desde ahora que es
un amor para toda la vida, tiene sus raíces en este país.
Hagamos un poco de historia y busquemos los orígenes de todo esto.
Allá por los años noventa, en la época en que servidor de ustedes estaba
en su más tierna mocedad y estudiando en la universidad, había en la
radio un programa sobre Latinoamérica en general y Cuba en particular
donde se ponía en contacto a familiares de la isla y de nuestra piel de
toro que, por unas u otras circunstancias, habían perdido el contacto o
incluso nunca se habían visto, pues muchos tenían ascendientes que se
remontaban a la guerra de la independencia de 1898 cuando el país
caribeño logró liberarse de la corona española.
Pues bien, aparte de una labor detectivesca fantástica, pues la
periodista o, más bien diríamos, productora del programa, siempre daba
con la persona buscada pues a veces aparecía el amigo del amigo de un
amigo del primo que conocía a fulano de tal y etc., añadía la emotividad
con la que, aunque no siempre, todo hay que decirlo, pues hubo
encuentros para todos los gustos, los familiares se daban abrazos y
arrumacos telefónicos, se entiende, pues Internet sólo estaba en pañales
en su uso masivo, la productora del programa trufaba estas
conversaciones familiares, o mejor yo diría ofrecía como aperitivo,
hermosas historias de las bondades y beldades de la mayor de Las antillas.
Para una persona que siempre se ha interesado por las culturas como es
el caso de quien escribe, aquellas crónicas sobre carnavales llenos de
colorido, noches habaneras con fondo de tambores y figuras de mulatas
bailando a ritmo desenfrenado o cuevas preciosas en la región tabacalera
del país, se me fueron metiendo muy hondo y me hicieron desear el ir a
conocer ese paraíso en la tierra.
A eso, añadamos que recibía por entonces multitud de cartas de chicas, y
también chicos, de ese país, pues el contacto por correspondencia, ya
sea por vía postal cuando el ciberespacio estaba muy cerca de las
estrellas y era un sueño pensar en algo llamado Internet o, cuando por
fin la tuve, a través de correo electrónico, messenger o cualquier otra
forma de las múltiples con las que, hoy día, es posible comunicarse,
obtuve a través de esas cartas cargadas de cariño, ternura y palabras de
ánimo las fuerzas que hicieron que me mantuviera en pie durante toda mi
adolescencia que, como ahora, estuvo plagada de soledad y de
incomprensión por parte de este país que vive sólo pensando en el
deleite y la vida más que epicureísta hedonista.
Pasaron, pues, los años y al fin, oh milagro, logré el sueño de visitar
ese paraíso.
Me sentía en la víspera de la visita como niño con zapatos nuevos, pues
me iba a zambullir en la más fantástica aventura de toda mi vida.
Tras horas de espera en el aeropuerto y un trayecto de avión largo como
un domingo sin dinero, conseguí, por fin, llegar a la tierra prometida
de mis sueños.
Ese primer viaje fue maravilloso, todo salía como lo había imaginado,
gentes amables y sonrientes, un cuñado maravilloso con el cual mi
hermana pronto, si Dios y la burocracia cubana quieren, se casará.
Todo fue genial.
Playas de agua caliente, comida maravillosa como los camarones, casabe,
congrí....
La despedida fue triste, pues mi cuñado es la mejor persona que jamás se
ha portado con nosotros y no viviré años suficientes para agradecer tal
dedicación, cariño, nunca una mala cara o un mal jesto. Querido Luis,
gracias por existir, pues si no fuera así, habría que inventarte.
La segunda vez, fue un calco de la primera, aunque hubo alguna que otra
desilusión, pero como de tropiezos se aprende y lo malo mejor olvidarlo,
quedémonos con lo positivo y miremos al frente o en mi caso pongamos el
bastón por delante y a capear el temporal y seguir como se pueda.
Bueno, queridos lectores, un gran abrazo a todos y como siempre espero
comentarios y opiniones.
Hasta, espero, que muy pronto.
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1 comentario:
Me encanta tu experiencia en esos viajes a la Isla de Cuba, y como tu mismo dices de las experiencias malas también se aprende de y es mejor olvidarlas, pero no del todo.
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