viernes, 13 de mayo de 2016

Hay vidas que cambian como una rotonda sin encontrar la salida correcta

Hola estimados amigos:
Despues de otro montonazo de tiempo sin dirigirme a vosotros, otra vez
me encuentro aquí para hablar de cambios.
Sí, hoy día 13 de mayo estoy en proceso de cambiar de vivienda, no por
un capricho como personas malintencionadas y que no tienen otra cosa que
hacer que meterse en la vida del vecino cuando tendrían mucho más que
callarse. Aseguran y, aunque podría çser así, pues a nadie le debemos
nada y nos ganamos la vida con honradez, la necesidad nos ha obligado a
ello.
Hoy también se cumplen 3 años del inicio de otro cambio que en la
rotonda de las equivocaciones a la que me refiero en el título de esta
entrada tuvo lugar y que acabó con nefastas consecuencias por una mala
salida, pero esa es otra historia.
Lo que sí que, por desgracia, nunca cambia es la soledad, la rutina, la
gente que va y viene de tu vida como quien sube y baja de una estación
de tren sin saber si al hacerlo te pisa, te golpea con una maleta o
simplemente te hace un arañazo al salir de ella o, lo que es peor,
sabiéndolo. Eso sin contar cuando la enfermedad te ataca haciéndote
acoso y derrivo o lanzándote a la lona con ganchos certeros al hígado
como se diría en las nobles artes del boxeo.
No comprendo cómo ni el más mínimo sueño que he tenido se me ha
cumplido, es como quien pasa una noche despertándose y durmiendo, con
sobresaltos de una pesadilla y tiene la esperanza de volver a dormir
anhelando que le venga al menos, no un sueño feliz sino tranquilo y, al
conseguirlo tras horas de insomnio, vuelve a entrar en otra pesadilla
peor poblada por mounstruos más horribles y dispuestos a devorarte,
¿quién va a desear dormir ya y con qué esperanzas?
En el baile de la vida, cada cual intenta seguir el ritmo de la música
que a menudo es tan alta que no oyen los gritos de un corazón que se
desangra poco a poco por lo que a veces quizás es mejor soportar el
desangrado en silencio pues, por mucho que grites, nadie va a poder o,
querer oírte, aunque a veces el silencio sea la mayor señal de un grito
de auxilio.
Bueno, queridos amigos, como siempre espero vuestros comentarios y os
mando muchos besos para ellas y abrazos para ellos.